Te
veo y se levanta mi cuerpo,
a
la altura del punto de un iceberg.
Mis
manos te abrazan, y en la mente
reposa
un beso que se va en el aire.
Te
veo anegada de mi sustancia,
mientras
gimes al calor de las llamas.
No
me liberas, me dejas dentro,
hasta
que te desbordas
como
un manantial en plena alba.
Susurro
algo al oído, me das las gracias.
Y
te vas desnuda, por el camino,
llevando
entre tus piernas mi alma.

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